jueves, julio 22
Día del Amigo, una idea.
Lo cierto es que cuanto más superficial seas, cuanto menos te intereses realmente por las personas, cuanto menos intentes realmente ayudarlas, comprometerte, amarlas, más amigos tendrás. Aquel que dice siempre lo que piensa, ese que no se aguanta y escupe esas verdades que nadie soporta oír, ese que sufre cuando estás mal y viene y te dice, por ejemplo: “che amiga, estás siempre sufriendo por ese hijo de puta ¿Por qué no lo mandas de una buena vez a la concha de su madre? No te das cuenta que no te ama, no sabe amar, es un egoísta, vacío, mediocre, no te valora y no sabe lo que quiere”. Uh, pobre, ese se queda solo. Ese no llena de carcajadas exageradas los bares de la ciudad en el día del amigo. Cuanto mucho recibirá un mail o dos, de algún amigo de esos que solemos llamar verdaderos o mejores, y que por esas cosas de la vida justo se fue a España, que lo parió…
La amistad es un tipo de relación indefinida, bastante libre, que cada uno va armando como le va saliendo. Lo seguro es que los amigos se celan y reclaman mucho menos que los novios o parejas, se pelean muchísimo menos, y se traicionan o asesinan muy de vez en cuando. Los amigos se contienen, respaldan y socorren con más frecuencia y desinterés que los familiares. Los amigos casi no se mienten, no tienen por que, se quieren como son, y no son quienes para juzgarse.
Para coronar, conozco amigos y amigas que hacen el amor entre sí con más pasión, sentimiento y salvaje hermosura, que con sus propios maridos o esposas.
(Esposa ¡Qué palabra!)
En fin, es una idea.
¿Querés ser mi amiga nena? ja ja… es una idea.
martes, febrero 16
Lluvia y Seis Mil Quinientos Libros
sábado, enero 16
Como Trompada
sábado, diciembre 12
Sensaciones Encontradas
Finalmente el gobierno de Estados Unidos reconoció las elecciones fraudulentas que el gobierno de facto de Honduras arregló para que gane la derecha. La secretaria de estado, Hillary Clinton, advirtió a los países latinoamericanos para que "Piensen dos veces si desean coquetear con Irán". Y el presidente Obama recibió el premio novel de la paz mandando miles de soldados a Afganistán y diciendo que “algunas guerras son necesarias y justificadas moralmente”. Exactamente el mismo argumento con que los militares argentinos justifican el uso de la tortura, los secuestros, asesinatos y desapariciones, era una guerra.
miércoles, noviembre 4
4:39 Silencio de falta de lluvia
miércoles, agosto 5
La Muerte, ese final
Y un día, desavisado, me topo con la muerte del ser más vivito y coleando que había a mi alrededor. Aquel gatito que rescaté del hambre y el frío y que con su mirada dulce y sus saltitos alegres me arrancaba sonrisas en medio del pensamiento siempre en guerra entre lo que quiero hacer y lo que tengo que hacer. Ese animalito que me despertaba a la mañana, se dormía en mis brazos, me esperaba a la noche, ese que salvé de la muerte, muere. Su cuerpo aparece ya sin él, todo blando y abandonado y me deja un agujero más grande que el ozono. No sé que le pasó, quien lo mató, cómo, por qué, no creo que tenga mayor importancia, no entiendo la muerte.
No entiendo la muerte.
Buscando una respuesta abrí el libro de Barthes que me regaló Eva en una página cualquiera. Decía justamente: Sin Respuesta. “
El final de una vida, de un amor, hace tambalear la razón de su comienzo.
viernes, julio 10
Lo Increíble
Tiene ojos chiquitos, lochoquitos, y a veces se pinta apenas los párpados, se marca las pestañas, apenas. Son negros, profundos, y cuando levanta la mirada mi corazón se esconde. Está sentada ahí, a dos mesas de distancia, al frente mío. No le hablo, no se que decirle... con ella no funciona el "Mirame, Mirame, Mirame", no me mira, nunca.
La cafetería de la facu tiene una desagradable iluminación artificial, parece una farmacia. Entran los desaforados de siempre a los gritos discutiendo intrascendencias deportivas o políticas. Yo me sobresalto, me irrito, ella apenas los percibe. Siempre almorzamos juntos, es decir a dos mesas de distancia, pero en la misma cafetería de la facultad, que además de florecentes y desaforados tiene un buen café a un precio accesible. Hacemos tiempo, ella y yo, entre las clases de la mañana y las de la tarde. Debe vivir lejos también, subte más tren, la vida por una ventanilla, siéntese señora y el tratrac tratrac, tratrac tratrac...
Me gusta su leve y permanente tristeza, mira así, todo, así pasa las hojas de su cuaderno, así sonríe. Alguien me dijo que se llama María de los Ángeles, tal vez por eso la pena, los católicos no suelen ser gente feliz, tan cargados de culpa, de pecado, de cosas que no se pueden hacer. Pero ella no parece una ferviente religiosa, parece llena de preguntas, de dudas, y los creyentes no suelen preguntarse, no dudan, dios es la anulación de los grandes cuestionamientos de la humanidad, tal vez por eso fue inventado.
Escuché que sus amigas la llaman Marie, Marian, y derivados, yo todavía no la he nombrado. Cuando pienso en ella se me vienen imágenes de mar, del azul del mar, el violeta del cielo cuando se acaba el día, o la sensación de cuando la montaña se alza sobre las nubes... su nombre me huele a tierra mojada, a selva acariciando las olas espumosas, a salgamos de aquí.
Una vez se fue de la cafetería apurada, alguien la llamó que llegaba tarde, dejó en la mesa unas servilletas con anotaciones y dibujos que hoy son mi tesoro. Allí, entre otros lugares, busqué razones para su imperceptible, suave y constante tristeza. Había dibujos de monstruitos comiéndose edificios de envidiable perspectiva, anotaciones de cosas por hacer y el nombre Daniel Brühl. Mi corazón dejó de estrujarse cuando supe que el tal Daniel era un actor alemán, el que hizo "Good Bye Lenin", que es una buena peli y que hubiese sido mejor si Yann Tiersen no le hiciese una música tan parecida a la de Amelie.
Ella también se viste bien, como Amelie, combina cada prenda prolijísima, original sin ser exagerada, aunque se contradiga un poco cuando su ropa dice: ¡Ey, acá estoy! Y su cuerpo en cambio dice: trágame tierra (y lo dice bajito, casi susurrando).
En una de esas servilletas había una inquietante frase que dejaba entrever algún pasado desprovisto de éxitos, decía en letras clavadas en el papel: “Hacer las cosas bien”, así, como una orden a si misma. Como quien no se disculpa ciertos deslices, ciertas pérdidas de tiempo, ciertos impulsos que cayeron al vacío.
Así, severa consigo misma, con esa sonrisa de “no, gracias”, esa voz como abajo del agua, esas manos preocupadas por su pelo, esa carita de niña con ciertas reminiscencias de actrices de cine, ella y su apagada tristeza, ahí. Y yo aquí, sin encontrar las palabras justas para hablarle a su alma, la miro en silencio, esperando que un día pase lo increíble.

